Vaivén de memoria;

Hablemos de ruina y espina, hablemos de polvo y herida, de mi miedo a las alturas, lo que quieras pero hablemos, de todo menos del tiempo que se escurre entre los dedos. Maldita dulzura.

sábado, 14 de julio de 2012

Las sonrisas con tus tonterías; los trenes también llegan a Disneyland

Como esos rayos de luz que se cuelan entre las cortinas al mediodía. Abres los ojos llenos de legañas, y con ese pelo tan revuelto que te indica que lo estás dejando crecer demasiado. Cervezas, muchas cervezas, la capa de super-héroe en un lado y la ropa en otro. Y entonces lo piensas y te das cuenta que todo empezó antes de llegar aquí, antes de no saber que hacer en el culo del mundo; todo empezó cuando te caíste caminando y te dejo esa cicatriz en la rodilla, cuando ponía cara de asco con las croquetas de mi madre. Y lo echas de menos, no es tu cama, demasiada grande sin compañía. Te revuelves aprovechando las últimas gotas de sueño, con los calzoncillos demasiados usados por la técnica del vuelta y vuelta y la sartén sin fregar. Sales a la terraza, abres los brazos y ves el paisaje; y recuerdas.

El móvil se enciende, quizá alguien que pregunte por ti, da igual pienso. La tranquilidad de una ciudad que no te conoce y de una gente que te sonríe sin preguntarte que esconden tus ojos. Las miradas curiosas en los bares de aquellos que no te conocen y desean hacerlo. Y por eso estamos aquí, para olvidar el viento en la cara, para ver el sol salir entre las montañas desde el balcón.


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