Amanece que no es poco, y tu pelo está ondeando en la playa, para advertir a cualquiera que sigue siendo peligroso acercarse a ti, bajo riesgo de enamoramiento. No sé cómo volver a casa y creo que el vaivén de tus nalgas al caminar provoca más mareos que el ron. El sonido de tus pies en la arena es la mejor resaca, mi garganta reseca no te oye tocar los acordes, me vuelvo cuerdo y cada paso, pesa.
Te sientas de forma extraña entre las rocas y esperas, sabiendo que yo haré lo mismo, como si me conocieras. como si supieras mis extrañezas, mi escala de locura y mis manías, mis vicios, los defectos que hacen que me vuelva raro y comience la espiral. De locura.
Recuerdo mis ganas de vivir cada minuto, de hacer tonterías que recordar, de disfrutar, de vivir la vida a toda velocidad sin freno de mano, de derrapar, de estar cerca del filo de lo (im)posible. porque en eso consiste, ¿no? En que nadie lo entienda, en disfrutar la playa a solas, en comer primero el postre, el ser un gato callejero con siete vidas, y perderlas todas recordando el camino a tu portal.
No cambiarás nunca me dices, esperando que así sea. Y yo pensando en cambiar la ropa de verano por la de invierno, que coincide con mis cambios de humor. Y te acurrucas. Entonces espero morir viejo, aunque sé que le debo algunas a la suerte. Me tiraría horas viéndote dormir y me sobran tres minutos para saber que los trenes no pasan dos veces, ni las estaciones se repiten. Que encendí la mecha de tus piernas y me quemé cuando te vi bailar. Sé que muchos han muerto por quererte, nunca tanto como yo, y que aunque el calendario diga lo contrario yo me guardo los domingos en la despensa, para cuando queramos discutir.
Hace mucho que dicen que soy raro, y yo sigo sin saber qué es. Sólo sé que es un halago, y me deshago en cada respiración acompasada. Me preguntas en qué estoy pensando y mi cerebro colapsa. Sonrío mientras recuerdo las novelas, la sensación de llegar el primero a los regalos de los Reyes, en encontrar diez euros en un pantalón que no pensabas ponerte. En ti contesto, y lo entiendes.
Sé que el tiempo es relativo pero yo deseo que se detenga la manecilla. Me agarro con fuerza a cada segundo de tu reloj y te pido que frenes. Subo a la roca más alta y agarro tu medalla con rabia mientras pido, a grito pelado, que se pare el tiempo. Pero ni puto caso.
Y la tinta se acaba, las ganas aumentan. Lo que tú no sabes es que me encanta esa mezcla de vergüenza que sonroja tus mejillas y tu bravura que amenaza mi cordura. Que tus gemidos son mejores que la sinfónica de Viena. Que bebes como un alcohólico sin solución, y quieres,como se debe amar la vida. Que estás hecha de un fuego que ilumina las heridas y que me quedo cerca para que enciendas mis cerillas. Recuerdo que decías que si me tocabas estaba vivo y si me leías no podía estar muerto. Que te ríes en público pero me sonríes en privado. Que el carrete de tu cámara ha tomado las mejores instantáneas de mi cuerpo en tu cama. Que te aburres de pensar en sentarte y que tu alegría es necesaria para echar a andar. Que tienes el monopolio de las sonrisas, y yo, de las extrañezas.
Los ojos se cierran pensando en retenerte, pero aunque pudiese no lo haría. Eres libre, y espero que un poco mía. Me muero contigo un viernes por la noche y revivo un martes, al mediodía. Como dice Carlos Salem "Ella sólo le tiene miedo al miedo, pero hasta el miedo, la amaría."