El cielo está demasiado cambiante y hace un frío tan helado que por momentos la sonrisa no me cabe en la boca. Ya me conoces, si unes como ingredientes el frío, la lluvia y unos dientes castañeantes el resultado será mi sonrisa. Supongo, amigo, que a estas horas estarás empezando a vivir los 22 y que tu gran vitalidad te está empujando ya a nuevas aventuras. Dices que soy muy bueno haciendo regalos y mientras, yo sonrío. Lo que no sabes es que, al igual que encuentro las ñoñerías que más ilusión hacen, para ti hace tiempo que me he quedado sin respuestas, que no consigo encontrar algo que esté a la altura de lo que mereces. Si me permites, mientras encuentro un regalo adecuado, voy a empezar por lo que me regalas tú a mi.
Este año ha sido duro para mi, tú lo sabes, y como si de un antiguo castillo griego se tratase has hecho de pilar y columna, sujetándome cuando la mar golpeaba con braveza la roca. Me has levantado con palabras y abrazos cuando ni yo mismo me podía sostener y te has convertido en un compañero de fatigas incansable, como si no lo supieras, como si pudieses evitarlo. Y supongo que ahí es donde entra tu generosidad, porque a pesar de ser tu cumpleaños el regalo me le has dado tú a mi (si, ahora viene la parte que te va a hacer ilusión). Si soy mejor persona, si he aprendido a andar por el camino recto, si he conseguido mantenerme en el alambre como un funambulista sin miedo a lo que habrá en la caída y si ahora encuentro un poco de luz a mis cabezas pensantes es, en parte, gracias a ti. Y apuro un vaso de café mientras te veo moverte dando gritos en un espacio cerrado donde reina el silencio y no puedo evitar sonreír. Ojala supieras que las personas como tu destacan por su escasez, que vas andando despacito por tu camino, sin meterte con nadie, pero dejando huella en cada pisada. Que no puedes llegar ni a imaginarte lo especial que puede llegar a ser alguien que destaca del resto. Te mueves a un ritmo distinto de la mayoría, te ríes cuando la situación exige seriedad y corres veloz en los momentos de más tranquilidad. Si alguna vez he conseguido que tu aturullada cabeza llena de buenas intenciones se relajase, creo que me puedo sentir satisfecho. Nunca olvides que, aunque no sigas el camino más transitado, eres diferente, eres raro, eres tú y no cambies. De repente te has sentado y balanceas la cabeza como buscando solución a un problema que sólo tú ves. Me muerdo la mandíbula mientras pienso, amigo, que pocas personas te han llegado a descubrir en tu plenitud, y eso me hace sentir especial. Inflo el pecho (el esternón hace tiempo que está hinchado) y me viene un deseo egoísta a la cabeza: que nadie se moleste en conocer que hay detrás del nombre, detrás de esos saltos incontrolados y tus risas contagiosa, de esa cara de pillo, todo eso me lo quedo para mi.
Y ahora, ¿qué nos queda? si el tiempo no consiguió desgastarnos y sólo ha dejado un camino de recuerdos que repetir, sigamos trasnochando, sigue enseñándome que actuando bien se puede llegar muy lejos y que, aunque yo no lo crea, puedo llegar a ser un buen tipo, sigue enderezándome cuando me confunda de camino. No te asustes de los que te llamen frío, ignorantes de que el hielo también puede quemar. Que no te intenten enseñar a vivir todos esos fantasmas de ahí fuera, que sabrán ellos de la vida. Hace tiempo que descubrí que la vida es una cena para dos y que la noche es una luna enorme que cabe en un plato hondo.
Hay veces que no encuentro las palabras para expresarme, y ya sabes que cuando eso pasa salgo corriendo y escribo. Hace tiempo que busco el título de 'Amigo de Oro' sin darme cuenta de que, sin quererlo, lo tienes guardado bajo llave. Tírala.
"Alza tu cerveza, brinda por la libertad, ven y vente de fiesta, pues el infierno es este bar."
