Vaivén de memoria;

Hablemos de ruina y espina, hablemos de polvo y herida, de mi miedo a las alturas, lo que quieras pero hablemos, de todo menos del tiempo que se escurre entre los dedos. Maldita dulzura.

domingo, 29 de abril de 2012

Dos notas comunes;

La madrugada del sábado se acerca y con dificultad voy poniendo  un pie tras otro por la acera mientras intento acordarme del camino de vuelta. "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" me dicen mientras mi dedo corazón se alza como respuesta. Hoy te busqué en el fondo de todas las cervezas que tomé pero no encontré más que recuerdos. Los recuerdos, al igual que las palabras y los nombres, pueden encender el alma de cadáveres pálidos, provocar sonrisas en estatuas de mármol y hacer llorar a corazones de piedra. Mis recuerdos de los sábados contigo son todos bonitos y, aunque sean estos  los que duelen, jamás podré borrarlos de mi mente.

Hoy hice un pacto con la parte de mi consciente; nunca diré nada malo tuyo cuando me pregunten por ti, pues no sabría que decir, jamás contaré el secreto de tus labios y nunca podré explicar lo que se siente con tus caricias. Tu recuerdo es más fuerte cuando alguna oveja descarriada me dice que parezco triste y que quizá ella me pueda animar, sonrío, nunca se me han dado bien estas situaciones y siempre he sido algo maleducado; así que a nadie de alrededor le sorprendió que la dijese que nada de ella me podría animar.

El rinconcito de tu cama donde yo encontré la felicidad vuelve para torturarme; el primer escalón que encuentro me sirve de asiento. La calle está oscura y solo la ilumina una luz intermitente; la luna está preciosa. El camino se tendrá que hacer solo porque yo ya no puedo andar más. Feliz sábado.




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