Vaivén de memoria;

Hablemos de ruina y espina, hablemos de polvo y herida, de mi miedo a las alturas, lo que quieras pero hablemos, de todo menos del tiempo que se escurre entre los dedos. Maldita dulzura.

domingo, 13 de mayo de 2012

Vaivén de memoria;

Un campo recién segado y un sol tímido que parece que tiene  vergüenza de salir y alumbrar. De fondo el sonido de la autovía; donde la gente aprieta el acelerador para intentar llegar tres segundos antes a su destino. Es un sonido insoportable para mi cabeza que hoy se ha despertado convaleciente de ayer. Los ladridos de mi chucho me recuerdan que los demás también comen. Hoy mientras veía mi película preferida me impactó una frase, "no es mala suerte nacer siendo viejo; ahora cada instante que pase seré más joven". Confiamos en leyendas y supersticiones, nos da seguridad saber que hay algo que no controlamos y que marcará nuestras vidas. No pasamos por debajo de escaleras, jamás tendríamos una cita el día 13 y por supuesto ni se nos ocurre romper un espejo jamás. Pero la película nos intenta enseñar a buscar la parte buena de todo; quizá debajo de la escalera haya un billete de 50, la cita de el día 13 acabe con un baile sobre la cama de cualquier hotel o con los trozos del espejo hagamos un bonito marco. No todo tiene que ser como está marcado, se puede ir a la playa un día nublado, mear en la pared de cualquier iglesia si tenemos ganas o no regalar nada por los cumpleaños. El otro día entrevistaron a un matrimonio de 83 años cada uno; 56 años casados, cuando la reportera les preguntó cual era el secreto dijeron que había días que no se soportaban, semanas en que ni se hablaban y que los insultos volaban por la casa, pero que al final siempre había una palabra o acción que lo solucionaba todo, así 56 años. Que eran otro tiempos y que la gente no se rendía fácil. Y sí, para colmo se casaron y embarcaron un martes; viva la mala suerte. Si es cierto que como la luna todos tenemos dos caras, vamos a quedarnos con la buena, ¿no?

No sabemos lo que queremos, queda exactamente un mes para los exámenes y no hay ninguna gana de estudiar, pero estoy seguro que el día antes querré sabérmelo todo. Solemos dejar que nuestros caminos los decida la suerte sin darnos cuenta que una partida de ajedrez siempre la gana el mismo por algo, o si nos encontramos a alguien por la calle quizá sea porque hayamos variado nuestro rumbo habitual para chocarnos de frente. No es suerte la gente que viaja mucho; recuerda que al igual que un poeta es un músico que no puede cantar, la diferencia entre un turista y un viajero es que este último no compra billete de vuelta, y eso, no es suerte.

No creo en la buena suerte ni en los milagros; me gusta el día 13 y no miraré al cielo si se pone a llover el día de mi cumpleaños. Creo en el poder de los abrazos y de las caricias en invierno. Porque un par de botas colgadas de un cable de luz en medio de la calle no están ahí de casualidad; quizá una pareja de enamorados se dejaron de candados e innovaron, o quizá alguien le sentó mal una copa o puede que fuesen unas botas demasiado feas como para ser calzadas. También puede que estén ahí solo para que me de cuenta que tras pasar 19 años por la misma calle no lo tengo todo visto. Que las cosas cambian cada instante por algo que no es suerte. Hoy ha sido un mal día, muy malo, pero el consuelo no es mirar al calendario y ver que es 13. Ahora sopla el viento y las botas se tambalean en el cable. Ya sería mala suerte que se cayesen justamente ahora que paso yo; ¿o no?

como un funambulista andamos en el filo de el alambre;
si sopla el viento y nos caemos, ¿es mala suerte?



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