Parece que los Lunes cuestan menos desde que puedo cerrar los ojos y soñar a todo color el rojo de tu labios, en tu mundo amarillo. Tengo guardado el mapa de tus lunares para el día que me dejes abrir el cofre de los gemidos, que dejemos de hacer eses por tus hoyuelos cuando me dices que te estás poniendo tierna.
Empiezo a soñar con los ojos abiertos como platos porque no me quiero perder los tuyos. Me disparas con preguntas, como quien recarga un revolver esperando que el humo del disparo coloque más que tu pelo, y yo las esquivo como el mejor de los villanos. Enciendes otro pitillo. Le das una calada más a la dulzura de mis manos en tu espalda, que intentan encender la mecha de tus piernas al menor síntoma de debilidad. Me dices que crees en mi, sin saber que soy un viejo caballo mal domado por el que pagan poco en las apuestas. Me besas y se me atraviesa el destino en la garganta, intento alejar el aroma del fracaso y saboreo la textura que debe tener el paraíso, en tu boca. Silencio.
Tienes la habilidad de apagar el interruptor de mi cabeza, sabes que nunca pido consejo por si me contestas lo que piensas y que salgo corriendo a la primera palabra de amor. Me pides que te diga, que te cuente como te veo, pero ya sabes que si me pinchas sale tinta, y quizá dos palabras a regañadientes. Y sonríes.
Te diría que no es broma lo que dicen que tu pelo brilla distinto con el sol, que te pongo en los altares pero ni Dios te alcanza, (lo siento viejo). Que la curvatura de tu boca ha provocado más accidentes que cualquier acantilado y que el rosa de tus mejillas provoca el rojo de las mías. Que son tus labios rotos por el frío lo que arreglan los míos made in China. Que tu alegría, las ganas de querer(me), tu disimulo cuando te tapas la cara con el pelo para que no te vea reírte, tus Domingos por la tarde y la forma en que me pides rescate en formato caricias, y la alegría de llenarse de mierda con un helado. Me hace gracia que uses la palabra 'normal' como si el destino me clavase un mensaje en el contestador.
Tenerte dormida en el hombro es la única forma de sobrevivir a las despedidas. Sigo en la cama soñando sin camisa de fuerza. Tus pantalones acaban con mi inocencia y tu culo con mi cordura. Debería ser más valiente y admitir que todavía me vuelvo esperando a que alguien me quiera esta noche, a sabiendas que ya no vas a ser tú. Si llega el fin del mundo que me pille escribiendo(te).
"vale más mi sueño que el dinero, puedo vivir de una alegría."
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